miércoles, 1 de julio de 2009

Violeta, la estrella más cercana a la Tierra


Me enamoré de Violeta Cela en los años ochenta, cuando los reclutas se enamoraban de Sharon Stone y las quinceañeras iban a ver "Titanic" con un flotador en la mano. Me enamoré de Violeta cuando vino a Barcelona, al estreno de "Amanece, que no es poco", un arriesgadísimo guión que el tiempo ha convertido en clásico, gracias a su elenco de actores, a Cuerda y a su instinto básico.
En el cine hay dos tipos de actrices: las buenas actrices y las actrices que está buenas. Violeta pertenece al tercer grupo: al que reúne ambas virtudes, aunque ella lo disimule para que nadie se ofenda. Sé muy bien de qué hablo. Pues fue en un cuartel del Ejército donde vi por primera vez "La vaquilla". Incluso ahora, hasta el capellán disfruta recordando que, cuando apareció Violeta, reventó el aire acondicionado.
También hay actrices que se hacen famosas por actuar más en la vida que en el cine, pero a Violeta se la conoce justo por lo contrario. Ella sólo miente por exigencias del guión. Por eso ha conseguido lo que muy pocas actrices: que sus amigos la admiren y sus admiradores la quieran. Ayer por la noche la amenzacé con saquear su intimidad, y ella, con la solemnidad de quien jamás abandonó la sencillez, me dijo: "Todo lo que ves es tuyo, querido".
Esta es Violeta.
A diferencia de otras estrellas, yo la amo más por su luz, que por su lejanía. Violeta no representa la fascinación por lo inasequible, sino el milagro de lo cotidiano. Sus amigos no la aman por lo que ella es, sino por lo que ellos son cuando disfrutan de sus abrazos.
Cuando una modelo gana un concurso de Miss, suele decir que su sueño es llegar a ser actriz. Pero no he visto jamás a una actriz que después de ganar un Oscar, diga que su sueño es llegar a ser modelo. Violeta es un modelo de actriz que no necesita imitar a nadie, porque sabe que, para un director, dar lo mejor de sí misma es el mejor regalo. A Violeta no le gusta presumir de que ha trabajado con los más grandes, pero a Cuerda, Trueba, Saura y Berlanga les encanta recordar que ella se ha puesto en sus manos.
Ahora se ha celebrado el vigésimo aniversario de "Amanece, que no es poco". Por aquel entonces, yo era un dos nadie y Violeta ya era una estrella. Dos décadas después, yo sigo siendo un don nadie.
Y la luz de Violeta continúa brillando.

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