jueves, 23 de junio de 2011

LA ETIQUETA DEL AMOR NUNCA LLEVA EL PRECIO.


"El amor es como el viento, José, no puedes verlo ni señalarlo. Lo único que puedes hacer es ver las consecuencias de sus efectos. Puedes saber si está lejos o cerca, pero no puedes atraparlo con la mano, aunque él te lleve de la tuya a uno de sus incontables paraísos o a cualquiera de sus numerosos infiernos. El amor es como el Sol, debes permitir que te alumbre, pero no debes mirarlo de frente. Puedes pedirle que te guíe, dejar que te despierte. Y como el Sol hay que dosificarlo, pues los rayos que te broncean son los mismos que te queman".
Lucía comienza a buscar un cigarrillo en sus bolsillos, sin darse cuenta de que ya tiene uno apagado entre los dedos.
"Por amor -continúa- he roído manzanas prohibidas, he bebido en copas rotas, me he anudado collares de espinas. Por amor he viajado sin billete y sin maleta, sin destino y sin vergüenza. He esnifado el polvo de estrellas fugaces y he empañado mi espejo con el aliento de la mentira. Por amor he subido montañas a cuatro patas y he bajado rodando la escalera de los sueños.. He corrido creyendo que caminaba y me he arrastrado creyendo que volaba. Por amor me he duchado con un extintor, he corrido delante de un toro y he dormido debajo de una cama. He escrito promesas en el hielo para que se descongelara, he repicado las campanas del dolor y le he robado mi alma al Diablo, para venderla, de saldo, al mejor postor. Por amor he dormido con los ojos abiertos y he conducido con los ojos vendados. Me he pintado los ojos en el camerino de la muerte, he tentado a la suerte hasta con el último cántaro, pues tanto va el corazón a la fuente, que acaba a sus pies infartado".
Lucía se detiene para invitarme a escuchar Hope there´s someone, la canción de Anthony and The Johsons que ahora empieza a sonar en la televisión.
"Hay artistas que aprenden a llorar antes que a cantar -continúa después de que ésta finalice-. Éstos son mis preferidos. El arte necesita de las lágrimas como la mañana del rocío, y no merece tener público el cantante que sólo se atreve a llorar en privado. Dime, ¿por qué uno debe esconderse cuando tiene ganas de llorar?. ¿Por qué los demás no se esconden cuando tienen ganas de gritar?. Llorar es más humano que gritar, porque nunca nadie ha visto llorar a un dinosaurio. Quizá por eso se extinguieron. Llorar no siempre es un acto de reivindicación. A veces puede ser un acto de agradeciemiento a la vida, por habernos dado la oportunidad de aprender. Nunca he conocido a alguien que aprenda riendo, posiblemente porque cuando uno rie suele mirar al cielo. El suelo donde te golpeas al caer, tú me lo has dicho muchas veces, es el mismo en donde luego te apoyas para levantarte. Y el destino de mis lágrimas ha sido siempre el suelo. Porque he aprendido que sólo ama la vida quien la desafía constantemente. Aunque dicho desafío, cual fuere, no suponga un desprecio, sino una ofrenda. La longevidad puede ser el destino de los afortunados o el castigo a los cobardes. Cuidado con aquéllos que presumen de haber llegado a viejos. Muchos de ellos, sin saberlo, ya lo eran desde niños. El único esfuerzo que han llevado a cabo en toda su vida ha sido sobrevivir a su propio aburrimiento. Están convencidos de que lo importante es llegar, y además, con el corazón en perfecto estado. Para ellos, éste es sólo un músculo vital que debe durar el mayor tiempo posible y en las mejores condiciones. Les obsesiona su funcionamiento, pero no les preocupa su uso. La cuestión es durar lo máximo, aunque ello suponga vivir lo mínimo. Allá ellos. Uno puede dedicar su vida a dar consejos y buscar gente que los escuche y acepte. Correcto. También puede presumir de saber lo que es el Bien y el Mal, aunque no practique lo primero y tampoco se haya atrevido a probar lo segundo. Hay quien piensa que el Mal es lo contrario del Bien. Y se equivoca. El Mal es lo que el Bien necesita para justificar su propia incoherencia. El Mal es el vertedero donde los buenos lanzan todo aquello que no entienden, para que los tontos confundan bondad con cobardía, y encima se muestren agradecidos. Pero ser rebelde no consiste en desobedecer las leyes. Para incumplir las leyes, primero hay que analizarlas. Porque a menudo se confunde pereza intelectual con cobardía. Ser rebelde no significa hacer lo contrario de lo que uno debe, sino hacer exactamente lo que uno cree que debe hacer, aunque ésto suponga hacer lo contrario de lo que suelen hacer los demás. El rebelde no desobedece las leyes: desafía las tradiciones. Fumar en sitios prohibidos, poner los pies encima de la mesa, teñirse el pelo de verde son conductas de quienes necesitan ser, o mejor dicho: parecer, diferentes. La necesidad de ser diferente no implica ejercer la rebeldía, aunque ejercer la rebeldía sunponga a menudo llevar a cabo conductas novedosas. Actuar de manera distinta al resto supone haber aprendido que el resto, en ocasiones, se equivoca. El rebelde no busca la diferencia: se encuentra con ella a lo largo del camino. Quien se tumba en un banco público o luce gafas del sol en un lugar cerrado, no está rompiendo las normas: está imitando a aquellos que creen que rompiendo las normas se ejerce la rebeldía. Llevar le pelo o los zapatos de un determinado color no es una norma sino una opción personal, y como tal debe debe ir encaminada a la satisfacción propia y no al escándalo ajeno. Los ignorantes quieren imitar a los rebeldes llamando la atención, sin saber que la admiración verdadera sólo se produce involuntariamente. Si alguien quiere ser, o parecer, diferente a los demás, lo primero que debe hacer es cultivar la discreción, que es precisamente lo que no hace la mayoría. Los ignorantes aceptan sacrificar el buen gusto en nombre del exhibicionismo, por confundir éste con la innovación. Creen que la belleza se rige por unos cánones que ellos, como buenos rebeldes, deben cambiar. Pobrecitos. La belleza no necesita reglas, porque ya se encarga la sensibilidad de aclarar cualquier duda al respecto. Sólo quienes se ven obligados a argumentar su falta de gusto argumentan que sobre gustos no hay nada escrito. La belleza no se busca: es ella la que nos sorprende en el lugar más inesperado. Como el amor de nuestra vida".
Lucía se dispone a beber un trago de agua, sin reparar que el vaso que ahora acerca a sus labios lo ha estado haciendo servir como cenicero.
- Al final va a ser verdad eso que dice tu amigo, que no soy yo la que tiene pensamientos, sino que son los pensamientos los que me tienen a mí -se excusa con una sonrisa.
A pesar de lo que fuma, Lucía exhibe unos dientes sorprendentemente blancos. Quizá esta luminosidad se deba, más que al dentífrico, a la sinceridad de sus palabras. En lo que se refiere a la boca, la gente, por lo general, se preocupa más por el color de sus dientes que por la autenticidad de su verbo. Una correcta alienación dental resulta atractiva, pero más atractiva aún resulta una correcta sintaxis intelectual. Hay gente que no toma azúcar para evitar la caries. El azúcar ataca a los dientes, sí, pero la falta de dulzura ataca a la personalidad. El cepillo puede limpiar los dientes después de una comida, pero no hay cepillo que pueda limpiar, ni dar brillo, a esos adjetivos cariados por la agresividad. Hay gente que al hablar mastica las palabras, triturando así cualquier posibilidad de diálogo. Pero las palabras de Lucía son suaves, como los aros que dibuja en el aire con el humo de sus cigarrillos.
"¿Has visto?. A veces consigo que tengan forma de corazón. Corazones que desaparecen en el aire sin que pueda atraparlos. Cuántas cosas desaparecen todos los días en el aire sin que nos demos cuenta, ¿verdad?. Cada noche me pregunto a dónde van a a parar todas esas palabras que he dicho durante el día. ¿Se amontonan a nuestro alrededor, como un karma invisible?. Si pudiera elegir su destino, me gustaría que el viiento se las llevara muy lejos de aquí para que a otra mujer le sirvieran de inspiración. Si es verdad que la energía no se destruye, que sólo se transforma, ¿adónde van a parar las promesas de amor?. Atrapar el amor es como pretender atrapar uno de estos corazones hechos de humo. Cuando intentas agarrarlos con tus manos, pierde su forma original. De un cigarrillo pueden salir muchos corazones de humo, pero, ¿cuántas promesas de amor eterno pueden salir de un solo corazón?. Mucha gente tiene miedo a amar porque tiene pánico a sufrir. Por ejemplo, hay gente que no quiere tener otro perro porque se niega a sufrir la misma pérdida de nuevo. Pero el amor es así. Por un lametón del mío, o por volver a oír ahora mismo uno de esos ladridos que tanto le reproché, no dudaría en comenzar de nuevo la tragedia de vivir sin él. Yo prefiero sufirir por haber amado que morir sin haber vivido. He aprendido que en la etiqueta del amor jamás figua el precio. Y si amar es sufrir, Jose, antes que morir en silencio prefiero vivir llorando".
Lucía y yo fuimos a la misma escuela y allí compartimos libros, chuletas y algún que otro miedo. Su rostro era tan bello que los niños sólo nos atrevíamos a admirarlo a escondidas. Compartiendo asiento con ella aprendí lo fácil que es suspender un examen. Y en sus labios intuí, ahora lo sé, qué difícil resulta olvidar el primer beso.
En este momento la enfermera me recuerda que ya ha acabado el horario de visitas. Lucía mira su muñeca para comprobar la hora, pero lo único que encuentra es la cicatriz que la trajo aquí.
La enorme cicatriz donde late, coagulado, el paso del tiempo.





De Una brújula en el Paraíso.

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